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EN UNA DE SUS NOVELAS, ERNESTO SABATO DESCRIBIÓ UNA ESCENA EN LA QUE UN PINTOR ESTABA PARADO FRENTE A SU OBRA. SE PREGUNTABA QUÉ PUEDE HABER EN LA MENTE DE UN HOMBRE QUE SE CREE ABSOLUTAMENTE SOLO, QUÉ MÁSCARA LE QUEDA CUANDO PIENSA QUE NADIE LE OBSERVA, EXIGE O CONTROLA. EL CARÁCTER SAGRADO DE UN MOMENTO ASÍ QUIZÁS SE DEBA A QUE EL HOMBRE ESTÁ FRENTE A SU PROPIA CONCIENCIA, Y JAMÁS PERDONARÍA SER SORPRENDIDO EN LA MÁS ESENCIAL DE LAS DESNUDECES, EL INSTANTE EN EL QUE SE MUESTRA EL ALMA SIN DEFENSA. 
 
 
César Caso
 

 
 
 
 

 
 
Este pintor es (siempre lo ha sido) un hombre con conciencia del suelo que pisa, y lo que parecería un éxtasis en definitiva es algo tan sencillo como la mera contemplación; entonces, se acerca, tiende la mano y revela: "Estoy que no duermo con este cuadro. Con este en concreto. Ahora mismo es uno de mis preferidos". Fernando Parrilla Zapata dice sentirse pintor y poeta a partes iguales. Nació en Alcolea del Río (un pueblo sevillano con no más de tres mil caminantes) sesenta años antes de esta entrevista, porque justo el día anterior fue su cumpleaños; por eso lo primero que hace tras el saludo es quejarse con cariño de la cantidad abrumadora de felicitaciones recibidas, felicitaciones que activan continuamente notificaciones en su móvil. Porque él, que aprecia el gesto, quiere en vano agradecérselo a cada persona ("ya he decidido publicar un gracias a todos en general").
 
No habla de su infancia en ese pueblo con demasiada efusión, aunque dejando claro que en general  tuvo una niñez feliz, una familia que lo quería, unos buenos amigos, unos maestros cariñosos. Pero en el colegio se aburría mucho, se le quedaba corto; sus mejores amigos tuvieron que emigrar al noreste en esos años de carencias; y su familia no siempre ha visto con buenos ojos los caminos que ha ido tomando a lo largo de su vida. Se recuerda como un niño solitario encerrado en una casa inmensa, en cuya parte alta, ya comenzó a interesarse por la pintura. 
 
 
CÉSAR CASO: Cuando miro un cuadro tuyo casi siempre veo paisajes. Sobre todo paisajes marinos, de costa, a veces también de campo, pero paisajes.
FERNANDO PARRILLA ZAPATA: Precisamente este cuadro está inspirado en Marchena. Por eso se llama Colonia Martia, es el nombre romano que aparece en el escudo de su bandera. 
 
A Fernando Parrilla Zapata el pueblo sevillano de no más de tres mil caminantes se le hacía pequeño porque sus inquietudes le hacían soñar con descubrir lo que estaba pasando más allá de sus límites. Y más allá estaban Sevilla, Ibiza, Madrid, Cádiz. Pero lo que el niño que se encerraba en la parte alta de la casa no sabía era que además de la pintura y la poesía, la música estaba esperando para morderle. "Cuando tenía seis o siete años ya empecé con mi afición por la música. Me compraron un tocadiscos y me traían discos de la base de Morón…".
 
 
C.C.: De los que no se podían conseguir.
F.P.Z.: De los que no se podían conseguir. Luego, cuando me vine a Sevilla, dio la casualidad que mi tío era vecino de un locutor de radio que se interesó por saber qué música era la que yo escuchaba, porque claro, era una música que él no tenía. Hablábamos y se sorprendía de dónde podía sacar tanta información, y era porque todo lo que hablara de música yo lo compraba. Desde esa época, me quedé en la música y en la pintura, hasta que más tarde me dio también por escribir. 
 
Después de cada recuerdo sonríe como diciéndose "ganaste". Pero sin un atisbo de orgullo, sino de otra cosa. Es satisfacción por haber peleado por conseguir lo que ha ido queriendo, con esa mezcla de obstinación y descreimiento que caracteriza a los grandes artistas como los que va a citar dentro de un momento.
 
La exposición frente a la que nos encontramos puede diferenciarse en dos etapas. Una de ellas pudo verse en 2012 cuando expuso en el CICUS como uno de los pintores del proyecto Arte en obras; la otra es el desarrollo que se ha ido gestando desde ese momento hasta ahora. Es a partir de esta última cuando envuelve su obra con el papel que llama abstracción barroca. Es el resultado de un esfuerzo terco por hacer que el color sea el protagonista de una historia que puede verse en el Parlamento de Andalucía hasta el penúltimo día del año. Y dice que ha tenido la suerte de haber estado en los sitios adecuados en los momentos precisos. Que por eso ha podido vivir todas las movidas que han aflorado en España durante el último tercio del siglo XX. Que en realidad se ha lanzado tras ellas persiguiéndolas. Que a pesar de la relación de amor-odio con su tierra, siempre que está lejos, anhela volver al sur.
 
"A Sevilla llego en una época efervescente. Cuando llego ya conocía a un grupo llamado Nuevos Tiempos, que luego serían los Triana, y me hago amigo de ellos: de Jesús de la Rosa, de Manolo Rosa, de los Marinelli de Alameda… Aunque en esos momentos los que estaban fuerte eran los Smash".
 
 
 
 
 

    
 
 
C.C.: Tras vivir esa explosión de vitalidad y creatividad que hubo en Sevilla a finales de los sesenta y principios de los setenta, ¿te mudas a Madrid?
F.P.Z.: No, primero paso por Ibiza. Llego un día diciéndole a mi padre que quería ser hippie; en realidad, no es que quisiera serlo, sino más bien ver la movida hippie y conocer Formentera, pues sabía por las revistas que toda la corriente musical de San Francisco, por así decirlo, se había trasladado a las islas.
 
C.C.: ¡Qué me dices! ¿A Roger Waters?
F.P.Z.: Sí, me hice amigo de David Gilmour, de Nico de la Velvet Underground… Me alquilé la casa al lado de la suya con la idea de que por allí iba a pasar todo dios. Y pasaron Lou Reed, John Cale, los de la Incredible String Band, Robert Fripp, los de la It's A Beatiful Day, Mick Jagger y Bianca Jagger… Los Pink Floyd tenían un local, el Ibiza's Bar, en el que se reunían por las noches músicos de varios de esos grupos para tocar. En un mismo escenario podías ver al batería de Pink Floyd con el bajista de King Crimson, y ya lo flipabas sin tener que tomar tripis. Eso fue lo que me enganchó de Ibiza, aparte de la forma de vivir. Por suerte, Mick Jagger estaba casado con Bianca, una nicaragüense que, como hablaba español, era con la que más relación tenía y la que me iba guiando entre los grupos, presentándome a los músicos.
 
Habla de Ibiza en los años setenta. Que consiguió una plaza de policía local y trabajaba de noche porque le daba vergüenza que lo reconocieran. Que no multó ni un coche, ni hizo nada de lo que se supone que un policía local debería hacer. Que luego pasó a encargarse de firmar los permisos de autorización para las fiestas nocturnas. Que eso le abrió el mundo de las discotecas y se puso a pinchar. Que ganaba más de lo que necesitaba. Pero sobre todo que conoció a Roger Waters.
 
Paradójicamente, fue por esos días de rock y desenfreno cuando empezó a tomarse la pintura más en serio. Un día mientras trabajaba en el ayuntamiento, haciendo un dibujito, llegó un señor de La Caixa. Miró su dibujito y quedó fascinado. Fernando quiso regalárselo pero el señor dijo que esas cosas no se regalaban: se vendían. Fernando se extrañó, pues nunca se lo había planteado, el acostumbraba a regalarle dibujos a sus conocidos; de hecho no sabía ni cuánto cobrar por ellos. Además, ¿quién iba a querer comprarle un dibujo a él? El señor de La Caixa. Entonces su primer comprador le preguntó si quería hacer una exposición en una de sus sedes y tras eso estuvo tres años trabajando con ellos. Lo que sigue desde ese día hasta hoy es una carrera tan abstracta y poliédrica como la vida misma.
 
 
    
 
 

 
 
 
Fernando contradice la imagen del artista que camina envuelto en toda una retórica de estilo ajena al común de los mortales. Cuando llama "abstracción barroca" a la colección que nos rodea, exhibiéndose desde las paredes de la sala, sencillamente está describiendo el resultado que ha salido de su pincel, sin mayores pretensiones. Le digo que hoy día el término barroco dicho de cualquier arte parece tener connotaciones negativas. "Es cierto, pero, ¿es que acaso no es barroco? El fondo es abstracto y sobre éste la superposición de muchas figuras. No entiendo que no deba usarse esta palabra porque no esté de moda. No la voy a llamar, por ejemplo, Cenando en Nueva York, que sería el típico título moderno que se pone ahora, pero es que yo paso de todas estas modas. Ya conozco el mundo de las galerías de arte por dentro y aquí no triunfa el más bueno o el que más trabaje, sino el que conoce y se arrima a éste o a aquél".
 
 
C.C.: Y además de la complejidad estructural de esas figuras, la explosión de color es otra constante en tu obra actual. Pero también tuviste una etapa en la que trabajaste en blanco y negro.
F.P.Z.: El uso del blanco y negro se debía, simplemente, a que en un principio no dominaba el color como lo domino ahora, porque como no había tenido formación académica, me dedicaba a lo más básico: crear formas en blanco y negro. Ahora, al haber aprendido más con los años, sigo creando formas pero con la experiencia de cuarenta años manejando el color. Puedo casi considerarme un maestro del color.
 
C.C.: ¿Estas formas son buscadas o responden a impulsos espontáneos?
F.P.Z.: Son espontáneas.
 
C.C.: Siendo así, ¿cuándo sabes o sientes que un cuadro está terminado, que no se le debe añadir nada más? Es algo que siempre me he preguntado con los artistas pictóricos.
F.P.Z.: Nunca lo sabes. Esa pregunta es buena, porque la verdad es que nunca lo sabes. Hay cuadros que te dicen "déjame ya, por favor". El cuadro es un hijo de puta, ¿eh? [risas]; el lienzo es un dictador. Tú llevas una idea preconcebida, pero como van naciendo formas e impulsos nuevos, lo que tenías pensando va cambiando de dirección. O sea, que el lienzo también manda sobre mí: en mi pintura el lienzo es Chaplin, es El gran dictador.
 
Una de sus instalaciones lleva por nombre Las flores del mal, que parece una referencia directa a Baudelaire; tiene otra obra que se llama El hermano pequeño de Verlaine; sale en fotos vistiendo camisetas de los Pink Floyd y en uno de sus textos alude a Frank Zappa. En sus lienzos cabe - casi - de todo: la poesía, la música, la memoria, la inspiración, lo autobiográfico, lo surrealista, el homenaje. Pero muchas piezas juntas completan un puzle del que, como bien ha sido definido, resulta una gran explosión de color con sentido propio. Por eso dice que casi todo es arte si está bien hecho, ya sea una conversación, la mirada, un gesto, el sexo.
 
 
C.C.: Se puede decir que tu pintura no bebe exclusivamente de otros pintores, incluso que se nutre más de otras artes que de la propia pintura.
F.P.Z.: Es que además de la pintura, la poesía y la música son otras de mis debilidades.
 
C.C.: ¿Y alguna vez te has sentido en la obligación de tener que elegir entre las tres disciplinas?
F.P.Z.: No, nunca. Yo soy muy disperso, no sé hacer una cosa solo. He estado siempre muy vinculado a la poesía, supongo que por la misma razón que me ocurrió con la música: del mismo modo que quería escuchar los grupos que no había en España, quería leer todo lo prohibido. ¿Qué era lo que estaba prohibido? ¿Verlaine, Baudelaire, Jack Kerouac y el movimiento beatnik? Eso me lo buscaba yo. Aunque fueran traducciones y ediciones malísimas hechas en Argentina o México. Con la cultura en aquellos tiempos siempre pasaba lo mismo: en vez de resignarse al régimen había que hacerle la guerra como fuera, desde la acción directa, desde tu mente, desde donde pudieras. Pero hacerle la guerra.
 
 
    
 

   
 
 
"El arte", escribe Fernando, "es el reflejo de la sociedad que lo crea; se cuestiona el pasado, y nos remitimos a la incertidumbre del futuro retomando esquemas conocidos y aplicando nuevas formas, para andar unos pasos que investiguen las maneras de lo que creemos venidero. Se cuestiona su razón como valor social: ¿qué es más importante, cubrir las necesidades básicas de la naturaleza de un pueblo, o crear una obra que reflexione sobre las circunstancias en que está inmerso dicho pueblo? Cualquier dirección es válida para encontrar el camino […]."
 
 
C.C.: Los dirigentes no se lo están poniendo fácil a los artistas.
F.P.Z.: Nos lo están poniendo para que nos vayamos a tomar por culo, así de sencillo.
 
Así de sencillo. En 2012 la Unión de Asociaciones Empresariales de la Industria Cultural Española exigió al Gobierno la modificación en la Ley del IVA, al considerar que destruía un 'sector estratégico' para la difusión del arte, especialmente el del arte contemporáneo. El Gorbierno entonces bajó el IVA cultural de un 21% al tipo reducido del 10% para la venta de obras de arte, en lo que parecía una disculpa a uno de los colectivos más castigados. Lejos de celebrarlo, la medida se acogió como un favor a los marchantes, pues lo que en principio parecía una disculpa a última hora tenía trampa: la Feria Internacional de Arte Contemporáneo (ARCO) estaba cerca. "Estas cosas siempre tienen trampas por detrás. El único Gobierno que en España ha ayudado un poco al arte fue el de Tierno Galván con la Movida Madrileña, que además me pilló en Madrid. [Los dirigentes] tienen que dejar a la gente expresarse. Mientras más las cohíban peor será, más se lo exigirán y, si pueden, utilizarán el arte en su contra. Se están echando tierra sobre su propio tejado".
 
 
C.C.: Parece como si para las viejas voces como para las nuevas que están naciendo el apartado cultural ocupara las últimas páginas de sus agendas.
F.P.Z.: Yo creo que los políticos no se enteran que para que haya vida tiene que haber cultura. Sin cultura no hay medicina; sin cultura no hay siquiera políticos; sin cultura no hay derechos, sin cultura no hay nada. La base de la sociedad es la educación y la cultura. Si a un pueblo se le quitan los derechos sobre la salud pública, jodes a sus personas mayores con lo que han tenido que pasar durante el franquismo y les pisas el cuello, pueden ocurrir dos cosas: o pasa como en Grecia, donde la gente se tira a la calle, o pasa como está pasando en España, que el 15-M les parecía un juego de niños y ha terminado en Podemos.
 
Que la carrera de un autor no debería estar en absoluto sujeta a los vaivenes de las instituciones políticas. Que sus propuestas de cambio pasarían por crear un modelo similar al holandés de los ochenta, basado en el trabajo cooperativo e interdisciplinar entre artistas. Que así no llegamos a ninguna parte.
 
 
 
 

 
  
 
 
 
C.C.: ¿Pueden las redes sociales y otras plataformas de Internet ser el fin de las galerías de arte?
F.P.Z.: ¡Ojalá! Porque no hay derecho a que tú pintes un cuadro, lo vendan al centímetro cuadrado y que, dependiendo de por dónde haya pasado, tenga un valor u otro. Yo veo muy bien que un galerista tenga que ganar dinero, ¿pero que gane un 50%? Conmigo no. Cuando tragas con las condiciones que los dueños de las galerías te imponen, solo entonces puedes vivir bien de la pintura. Pero a partir de ahí tú ya no eres un pintor, eres un esclavo de la pintura.
  
Esa frase suena tan demoledora porque a su alrededor gira toda su filosofía de insumisión. Reconoce estar de acuerdo con Carmen Laffón cuando ésta dice que el artista debe permanecer en silencio y hablar más a través de su obra; sin embargo, le insisto en la idea de si un pintor debe hacer política con sus obras como lo hacen otros artistas o son cosas que han de estar separadas.
 
  
C.C.: ¿Un pintor debe hacer política con su obra como lo hacen otros artistas o son cosas que han de estar separadas?
F.P.Z.: Yo sí hago política. Por ejemplo, doy por culo introduciéndola en los propios centros políticos [señala el espacio circundante]. Cuando tu obra llega a un determinado reconocimiento puedes moverte dentro de los círculos políticos y exponerla, sin tener que estar de acuerdo, e incluso en desacuerdo, con el tipo de políticas que están haciendo. Es decir, trayendo mi obra aquí no estoy apoyándolos para nada, sino para decir "mira, vamos a ser un poquito más finos y vamos a intentar entendernos de otra forma". Lo único que pretendo es vivir de mi obra el tiempo que yo esté vivo. Y lo que pase con ella después me da absolutamente igual.
   
Y es que Fernando encarna la imagen perfecta de la rebeldía: es alguien que podrá conceder méritos tanto a un polo como a su opuesto, pero jamás se casará con ninguno de los dos. Como Pascal, sabe que la grandeza no se demuestra estando en un extremo, sino tocando los dos al mismo tiempo. Ese tipo de carácter es el que le lleva a amar y odiar una ciudad como Sevilla, una ciudad que, cuando parece que empieza a podar las ramas de sobra muertas de la tradición más reaccionaria, vuelven a crecerle brotes nuevos; que "siempre ha sido una contradicción", donde una persona "puede ser artista, comunista, macareno, trianero y del Betis", todo al mismo tiempo y sin remordimientos. Pero también reconoce la parte buena que tiene una "ciudad de dualidades y enfrentamientos" constantes: que la cultura crece, se enriquece y se desarrolla a un ritmo muy rápido, pues "como al final no podemos vivir los unos sin los otros, el trianero acaba arrimándose al macareno, al bético y al comunista".
   
Al salir del edificio, Fernando saca un cigarrillo; lo enciende, fuma y no espera a que todo el humo salga de su boca para decir: "El Parlamento es importante para mí por una cosa muy personal. Cuando niño, con seis o siete años, me diagnosticaron epilepsia y vine a lo que entonces era un hospital, conocido como el de las Cinco Llagas. Estuve hasta los catorce, más o menos. Esta historia que cuento me ha creado vínculos muy fuertes con este lugar".
  
   
C.C.: Le recuerdo que en una ocasión afirmó lo siguiente: "Yo no quiero plantearle a la gente grandes problemas existenciales mirando una obra de arte; prefiero darles qué pensar con un verso de un poema o una frase, no con un cuadro. Un cuadro es para vivirlo y convivir con él. Y que cada vez que lo mires descubras algún elemento o forma nueva que te alegre el día".
F.P.Z.: Lo confirmo. Por eso le pongo tantos elementos, para que nunca te aburras de mirarlos. Si el arte es muy sencillo: míralo, ¿te gusta o no te gusta? Y ya está. No hay más.
 
 
 
 
 
 
 

 

 
 
 
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